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Flores comestibles sobre fuente de color negro

Las flores comestibles se ponen de moda

Historia

Desde que el mundo es mundo, los hombres hemos utilizado los recursos naturales que teníamos a nuestro alcance para alimentarnos, curar enfermedades, expresarnos a través del arte, adornarnos y realizar multitud de actividades.

Egipcios, griegos, sumerios y romanos ya conocían el efecto de la corteza de sauce blanco para aliviar dolores y fiebre de los enfermos, en Asia desde tiempo inmemorial se conocen las propiedades anti-inflamatorias y neuroprotectoras del té, con el aceite esencial que se extrae directamente de las hojas de romero se prepara un alcohol que se utiliza para prevenir úlceras, tratar dolores reumáticos y lumbalgias.

En definitiva, la naturaleza es una despensa magnífica que podemos aprovechar no solo para solucionar nuestros problemas de salud, sino para condimentar, adornar o preparar exquisitos platos.

La adición de flores comestibles a nuestros platos no es un mero recurso decorativo, que también, sino que, como bien conocen muchos de nuestros grandes chefs desde hace años, aporta sabores y texturas que maridan bien con platos principales y que no se pueden encontrar en otros productos. Cada flor permite disfrutar de unas características determinadas, unas son picantes, otras aromáticas, otras ofrecen un impacto visual único, la variedad es tan grande que permite personalizar cualquier plato de múltiples maneras.

Entre esta búsqueda nuevas sensaciones y que la cultura bio y el auge de la agricultura ecológica están impulsando el cultivo de plantas comestibles, cada vez nos sorprende menos encontrarnos flores comestibles acompañando a cualquier elaboración que nos ofrecen en restaurantes, ¿verdad?

Este auge y normalización del uso de flores o plantas comestibles supone que también sea más sencillo encontrarlas para un uso casero, ya que la demanda tira de la producción y podemos obtenerlas en grandes superficies y tiendas gourmet, cuando hace solo unos pocos años era impensable añadir estos productos a nuestra mesa si no las habíamos cultivado nosotros mismos.

No todas son comestibles

También es importante saber que no podemos ir por el campo cogiendo y comiendo lo primero que nos encontremos, pues no todas las plantas son comestibles, e incluso algunas pueden ser perjudiciales para nuestra salud. Por eso, seguir unos consejos sencillos nos permitirá disfrutar de ellas y sus propiedades y ahorrarnos algún que otro susto:

  • El primero y más evidente, es no utilizar flores si no estamos seguros de si son o no comestibles. Ante la más mínima duda, es mejor recrearnos exclusivamente con su belleza y no pensar que por bellas son comestibles.
  • Aunque las flores de floristería o vivero puedan parecer las más atractivas, probablemente hayan sido tratadas con algún tipo de pesticida o producto químico, por lo que no es recomendable su uso en la cocina.
  • Ojo con las flores naturales que podemos encontrar en los parques públicos  o cerca de la carretera, pues seguramente hayan sido tratadas con pesticidas o tengan una capa de contaminación originada en los escapes de los coches.
  • En caso de disponer de una terraza o pequeño jardín, es interesante cultivarlas, ya que de ese modo nos aseguramos que no están contaminadas ni tratadas con productos químicos y son aptas para el consumo humano, aparte de conservarán todas sus propiedades.
  • Cuidado con las alergias a la hora de introducir flores en la cocina. Es muy importante ser precavidos para evitar posibles problemas ocasionados por su consumo.
  • Para mantenerlas frescas, debemos conservarlas en la nevera separadas por hojas de papel de cocina dentro de un recipiente hermético.

Chica comiéndose una flor

¿Pero qué flores se pueden comer?

Muchísimas y de varias familias.

A pesar de que habitualmente solo comemos los tallos, frutos o raíces, de entre las verduras y hortalizas podríamos aprovechar, por ejemplo,  las flores de las de la familia allium (puerros, cebolletas, ajetes, …) pues son comestibles en su totalidad.

Así mismo, muchas de las hierbas que utilizamos como condimento tienen flores que se pueden comer al igual que sus tallos y hojas. A modo de muestra, podemos citar la menta, el orégano, el romero, la salvia, el cilantro, …

Y cómo vamos a despreciar la rúcula, con ciertos matices picantes como los de sus hojas, esa flor azul de la borraja con recuerdos a pepino, el amargor de la achicoria o el sabor a regaliz del hinojo.

Pero como lo primero que se nos viene a la cabeza cuando hablamos de comer flores es un buen ramo de rosas rojas, sabed que la capuchina, la lila, la violeta, el gladiolo, la lavanda, el crisantemo o la caléndula, pueden acompañarnos en nuestro viaje a la búsqueda de nuevas experiencias.

Ahh, y deciros que con las rosas, cuyos pétalos son muy perfumados, se elaboran exquisitas mermeladas.

En definitiva, disponemos de infinidad de flores que no solo van a aportar color y vistosidad a nuestra mesa sino, como hemos mencionado antes, texturas y sabores que enriquecerán nuestras creaciones y sorprenderán a nuestros comensales.

Tendencia

Esta capacidad de transformar platos sencillos en presentaciones sofisticadas, ha hecho que el uso de flores comestibles  en la cocina esté pasando de ser un recurso utilizado en exclusiva por las tendencias más vanguardistas, a convertirse en un movimiento al que se suman los amateurs o cocinillas de cada casa.

Así que, desde aquí os animamos a probar aquellas flores con las que os identifiquéis y tengáis a vuestro alcance y que se integren mejor en vuestras creaciones.

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takeachef • 9 mayo, 2016


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